La bohemia tiene un sonido distinto desde mi habitación, como si los sonidos, las carcajadas y los bailes de sus actores se amortiguaran en las paredes de mi cuarto, entonces la noche, sus aromas, promesas y cuerpos ya no se me antojan apetecibles, me abandono en mi habitación a realizar algunas tareas cotidianas un viernes por la noche, alejado de todas las tentaciones y huyendo al celular y sus invitaciones a la juerga, me sumerjo en alguna película (mejor si es cine independiente) y con una taza de té en la mano trato de encontrar ese bienestar muy parecido a la tranquilidad que me ofrece esta noche, sosiego y abrigo, con las imágenes de “Abre los ojos” (buena peli por cierto) me sumerjo cada vez más en la película y relego a un lado todo lo demás, afuera la bohemia y sus canciones; la juerga y sus bailes tan coloridos como banales; y aquí dentro la calma y la placidez, otra prueba de cómo los matices hacen que la vida aparente un lugar menos desabrida, incluso aun en esta poco imaginativa ciudad.
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